Exposición «Primera Pedra»

ARTISTA

Jordi Fulla

El proyecto artístico «Primera Pedra», del artista Jordi Fulla (Igualada, Barcelona, 1967), es una aproximación estética al patrimonio cultural de la piedra seca; un legado que se extiende a lo largo de los países de la cuenca mediterránea y que contiene la especificidad del territorio…

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Del 16 de octubre de 2018 a octubre de 2020

Primera Pedra

Algunas obras de la exposición

El proyecto artístico «Primera Pedra»

El proyecto artístico «Primera Pedra», del artista Jordi Fulla (Igualada, Barcelona, 1967), es una aproximación estética al patrimonio cultural de la piedra seca, un legado que se extiende a lo largo de los países de la cuenca mediterránea y que contiene la especificidad del territorio.

primera pedraDurante siglos, el ser humano ha evolucionado junto a la naturaleza y ha procurado adaptar el medio ambiente a sus necesidades vitales.
Aun así, con la llegada de la época moderna y la industrialización, la dialéctica establecida hasta el momento se rompió y dio paso a una relación de dominio en la que la naturaleza es sacudida y sometida a la voluntad del ser humano. En este sentido, no es extraño que uno de los pensadores más relevantes del siglo xx, Martin Heidegger, percibiera una ambigüedad radical en el fenómeno de la técnica moderna. Por un lado, revela el destino que emerge de la propia existencia y que, por lo tanto, podría llegar a provocar el surgimiento de una relación más originaria entre el ser humano y el ser y, por el otro, conlleva un mayor riesgo respecto a la subsistencia del carácter específico de la existencia del hombre. En cierto modo, aquello a lo que hace referencia el filósofo es a la doble apariencia de la técnica —como admonición y como esperanza—, la técnica como objeto (instrumento) o como imperativo de acción en el mundo. La amenaza para la existencia del ser humano y a la vez la posibilidad de una revolución ontológica no residen en la técnica en tanto que objeto, sino en tanto que imperativo que estimula el ser humano a dominar la naturaleza. Partiendo de esta premisa, la que describe la «ceguera colectiva» con la que el ser humano contemporáneo se acerca al entorno natural que lo rodea, nos proponemos contextualizar la presente exposición en un proyecto más ambicioso que quiere elaborar un relato en torno a la diversidad de construcciones rurales de Andorra, las cuales, desde un contexto etnohistórico,

«adquieren un gran valor como testimonio material del pasado y de la propia identidad del país, lo que las hace merecedoras de su estudio, difusión, protección y preservación».

A partir de esta base, desde el deseo de divulgar y difundir el conocimiento que atesora esta tipología de arquitecturas rurales que forman parte de la historia de la humanidad, y de profundizar en el mismo, la Casa Pal, una vivienda del siglo xvi situada en La Cortinada y que fue rehabilitada en el siglo xx de acuerdo con la tipología de las construcciones de alta montaña, abre sus puertas.

En este sentido, la exposición del artista Jordi Fulla, con una veintena de pinturas y dibujos que referencian varias construcciones esparcidas por el territorio, se convierte —como decimos— en el punto de partida de un proyecto más ambicioso que, con el título «La primera piedra», contará con las contribuciones de especialistas nacionales e internacionales. Y estas, a su vez, alimentarán las dos aplicaciones informáticas —una aplicación móvil y un web— que se han diseñado para la ocasión.

Primera Pedra

cal palJosep Maria Esquirol —autor, entre otros libros, de La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad— afirma en el capítulo dedicado a la cartografía de la nada y la experiencia nihilista [1] que los antiguos cartógrafos emprendían exploraciones por tierras ignotas que los llevaban a atravesar, durante días, ríos, montañas y lugares desconocidos. Tras un cansancio extremo llegaban a divisar, en ocasiones, la línea del horizonte, desde donde se extendía un gran paisaje virgen. Desde este espacio anhelado y soñado, los exploradores dibujaban una gran constelación que les permitía realizar el plano. No obstante, la dificultad era sobrecogedora cuando de lo que se trataba era de situar el vacío, o lo que es lo mismo, la nada. En relación con nuestra existencia, la vacuidad o el nihilismo al que se refiere Nietzsche parece haberse transformado en algo hegemónico y móvil; una pátina inocua que discurre sin dirección y a gran velocidad para ocultar los vestigios de un tiempo pasado. En este contexto hegemónico y globalizador, tecnológico y nihilista, el ser humano siente la necesidad de construirse un hábitat, un espacio, un lugar en el que refugiarse y sentirse protegido del asedio que implica la propia existencia. Desde este emplazamiento mínimo —como puede serlo una pequeña cabaña en medio del bosque—, el ser construye su propio bastión desde donde mirar el mundo. Arquitecturas entendidas como hábitats de intimidad permiten establecer una transposición en lo humano; los muros en los que nos refugiamos —asevera Gaston Bachelard [2] – conforman un espacio para el alma humana. Más allá de la racionalidad constructiva, la vivienda es el escenario que propicia nuestros estados de sueño donde proyectamos un espacio de refugio, de aislamiento, de reflexión… y que el artista percibe «como lo más aproximado a lo que sería nuestra propia piel». «Es necesaria —afirma— la construcción de esta cabaña personal, no para protegernos, sino más bien para acotar un espacio de reflexión»; unas construcciones que Jordi Fulla descubre en la década de los años noventa, cuando, siendo todavía un estudiante, se le presenta la oportunidad de colaborar en un proyecto topográfico. Pisando el territorio observa con atención el despliegue en el paisaje de estas estructuras pétreas que se le revelan como «contenedores de memoria».

Unas construcciones que, como bien nos recuerda el pintor, «no han necesitado nada más que todo lo excedente a la hora de preparar los campos de cultivo, la piedra, mimetizándose con el entorno físico, humano y natural». Más allá de su propósito funcional —de almacenamiento y cobijo—, estas construcciones «se transforman en elementos catalizadores de espacio y de tiempo».

pedra secaEn efecto, las estructuras de piedra seca —los ordeñaderos, las cabañas o los muros de cierre, entre otras tipologías propias de los Valles de Andorra— nos desvelan un universo arquitectónico primigenio e intuitivo que rehúye el tiempo nihilista del presente contemporáneo. Jordi Fulla, y también Josep M. Esquirol, establecen así una resistencia. La ausencia de verdades absolutas —tales como Dios, la historia o el Estado— ha dado paso a una individualidad extrema en la que el poder de la acción humana resulta determinante. En este contexto de escasa comunicación y de inmediatez convulsa, el artista proyecta una cámara propia donde el hecho pictórico se alinea con el proceso de construcción de una arquitectura atávica. Como bien nos ilustra Josep M. Esquirol en el mencionado ensayo, «la proximidad (la casa, la compañía, el huerto, la intimidad…) es el camino hacia la presencia y hacia el sentido. […] la niebla del nihilismo nunca puede desvanecerse del todo, dado que forma parte de la condición humana […]». ¿Qué nos puede salvar?, se preguntaba Heidegger. No tan solo un dios; no tal solo la creación artística, no tan solo la oratoria política, también la proximidad.

Natàlia Chocarro Bosom
Fundación Vila Casas

[1] Esquirol. Josep M. La resistència íntima. Assaig d’una filosofia de la proximitat. Quaderns Crema. Barcelona, 2015 (edició en castellà: Editorial Acantilado. Barcelona, 2015).
[2] Bachelard, Gaston. La poética del espacio. Fondo de Cultura Económica de España. Mèxic, 1975.

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